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La cruz de sa Morisca se encuentra en la cima más alta del Puig de sa Morisca, a pocos metros de la Torre III. Es una cruz metálica visible desde diferentes puntos de Santa Ponça y especialmente desde el entorno de la parroquia.
Para llegar, entrad en el parque por el acceso principal. Justo a la derecha encontraréis un cartel con un plano esquemático del Parque Arqueológico del Puig de sa Morisca. Seguid por el camino principal y dejad el edificio del museo a la izquierda.
Después de caminar unos 100 metros, llegaréis a un primer cruce. Debéis tomar el camino que tenéis justo delante, el que sube hacia el Puig de sa Morisca. También lo encontraréis señalizado. A partir de aquí, el camino empieza a ascender suavemente entre la vegetación.
Unos 100 metros más adelante llegaréis al collado del Puig de sa Morisca. En este punto debéis seguir el camino que sale hacia la derecha, señalizado como Torres y miradores.
En este momento veréis la peña a vuestra derecha. Continuaréis por el camino, que girará a la izquierda, y avanzaréis hacia el cerro fortificado que os quedará delante.
Empezaréis a subir suavemente y, poco después, la subida se hará más empinada, con un tramo de escalones. Fijaos en los lados del camino: esta vertiente, la más accesible del cerro, fue cerrada en la prehistoria con tramos de muralla para proteger la zona alta.
Al terminar la subida, una flecha os hará girar hacia la derecha y avanzaréis ya por la parte alta del cerro. Después de un par de giros llegaréis al mirador de la Torre I.
Desde aquí solo tenéis que girar hacia la izquierda y subir el último tramo, llegando a la cruz de sa Morisca.
Originalmente, en este espacio había una cruz de madera más pequeña, colocada sobre la Torre III. Esta cruz recordaba la conquista cristiana de Mallorca de 1229. Según la tradición histórica, las tropas del rey Jaume I desembarcaron en Santa Ponça y, en un primer momento, algunos caballeros y hombres armados subieron a una elevación cercana, identificada con el Puig de sa Morisca, donde habrían izado el pendón real.
En el año 2006, durante una jornada de excavación arqueológica, la cruz fue retirada de encima de la Torre III. La decisión respondía a la necesidad de proteger los restos arqueológicos, ya que la torre forma parte de un yacimiento protegido como Bien de Interés Cultural. La sorpresa del equipo fue importante cuando, al día siguiente a las 8 de la mañana, la cruz volvía a estar colocada en su lugar original.
En aquel momento, el rector de la parroquia de Santa Ponça era Mn. Antoni Alzamora Salom. Después de aquel episodio, el equipo arqueológico, dirigido por el Dr. Víctor Guerrero y el Dr. Manel Calvo, llegó a un acuerdo con el rector: se mantendría la presencia de la cruz en la cima del puig, pero no sobre la Torre III.
Esta solución permitía respetar el valor simbólico y religioso de la cruz, pero también proteger los restos arqueológicos. Por eso la nueva cruz metálica se situó a pocos metros de la torre y de la cima, fuera de la estructura arqueológica principal. A petición del rector, la cruz se colocó de manera que fuera visible desde la parroquia de Santa Ponça y que su punto más alto quedara por encima de los restos prehistóricos e islámicos de la cima.
Hoy, la presencia de la cruz también genera reflexión y debate. Por un lado, recuerda la conquista cristiana de Mallorca, un episodio fundamental en la historia de la isla. Por otro, este proceso supuso la derrota de la sociedad islámica mallorquina y el inicio de una violencia extrema contra la población vencida, con muertes, expulsiones, cautiverio y venta de personas como esclavas.
Por eso, la cruz de sa Morisca no es solo un elemento religioso o paisajístico. Es también un punto que nos obliga a pensar cómo recordamos el pasado, qué hechos conmemoramos y cómo explicamos episodios históricos que tienen lecturas muy diferentes según la mirada desde la cual se interpretan.
Al mismo tiempo, en los últimos años se ha observado que algunas personas utilizan este espacio como lugar de memoria personal, dejando ofrendas o recordatorios dedicados a personas queridas. Este uso actual muestra hasta qué punto el patrimonio es vivo y cambiante: los lugares acumulan significados nuevos, a menudo imprevistos, que se suman a las historias anteriores.
Cuando visitéis la cruz, recordad que os encontráis en un espacio arqueológico muy sensible. No está permitido subir sobre los muros, entrar dentro de las estructuras arqueológicas ni alterar ningún elemento del yacimiento. La mejor manera de disfrutar de este lugar es observarlo con respeto, entendiendo que en pocos metros se superponen muchas capas de historia: el poblado prehistórico, los restos de época islámica, la memoria de la conquista cristiana, la religiosidad contemporánea, los debates actuales sobre el patrimonio y los usos personales de recuerdo y duelo.
Desde este punto también podréis disfrutar de una de las mejores panorámicas de Santa Ponça. La cruz comparte con la Torre III una posición privilegiada sobre el territorio: permite ver la plana, la bahía, el antiguo puerto natural, las montañas de Calvià y buena parte de la península de Santa Ponça.
La cruz de sa Morisca presenta dos facetas que nos ayudan a entender mejor la complejidad patrimonial del Puig de sa Morisca.
La cruz no forma parte del poblado prehistórico ni de los restos arqueológicos antiguos del Puig de sa Morisca. Es un elemento contemporáneo, pero su presencia forma parte de la historia reciente del lugar.
Su caso es interesante porque muestra cómo un mismo espacio puede tener valores diferentes para personas y colectivos diversos. Para la arqueología, la cima es sobre todo un yacimiento protegido, con estructuras que hay que conservar y estudiar. Para una parte de la comunidad local, la cruz también tiene un valor simbólico, religioso, conmemorativo y paisajístico.
El episodio de 2006, cuando la cruz fue retirada de encima de la Torre III y volvió a aparecer en el mismo lugar al día siguiente por la mañana, muestra muy bien esta tensión entre conservación arqueológica y memoria religiosa. La solución adoptada —mantener la cruz, pero desplazarla fuera de la torre— es un ejemplo de gestión patrimonial basada en el compromiso. No se eliminó el símbolo, pero tampoco se permitió que continuara afectando directamente a una estructura arqueológica protegida.
La cruz de sa Morisca también nos ayuda a reflexionar sobre la manera en que las sociedades recuerdan el pasado. Fue instalada para conmemorar la conquista cristiana de Mallorca, vinculada al desembarco de las tropas del rey Jaime en Santa Ponça. Pero este mismo episodio histórico también puede ser leído desde otra perspectiva: como una guerra de conquista y como el comienzo de la destrucción de la sociedad islámica mallorquina.
Esta doble lectura hace que la cruz sea un elemento patrimonial complejo. Para algunas personas puede representar un hito religioso o histórico; para otras, puede recordar un proceso violento de derrota, expulsión, esclavización y sustitución de la población anterior. Por eso, más que ofrecer una única interpretación, este lugar invita a pensar sobre los usos de la memoria y sobre cómo explicamos los episodios conflictivos del pasado.
Además, la cruz continúa generando nuevos significados. Las ofrendas y recordatorios que algunas personas dejan allí muestran que este punto también se ha convertido en un espacio de memoria personal. Esto nos recuerda que el patrimonio no es una realidad cerrada: cambia, se resignifica e incorpora nuevas prácticas sociales. La cruz de sa Morisca es, por tanto, un buen ejemplo de patrimonio vivo, donde arqueología, religión, memoria histórica, debate público y experiencias personales conviven en un mismo lugar.
VISITA
Crr. Puig de sa Morisca, s/n, 07180 Santa Ponça, Islas Baleares
patrimonio@calvia.com
HORARIO
De lunes a viernes y festivos de 10h a 20h
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