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El mirador de la Torre III se encuentra en la zona occidental del parque, concretamente en la cima oeste, conocida tradicionalmente como el Castellot de na Morisca. Este nombre popular se explica por la presencia de restos arqueológicos que encontramos en su cima (Torre III, con enlace).
Es un cerro delimitado por acantilados verticales en tres de sus vertientes -norte, sur y oeste- y accesible sobre todo por el lado oriental. Esta configuración natural convertía la zona alta en un espacio fácil de defender, reforzado en época prehistórica con muros y torres.
Para llegar, entrad en el parque por el acceso principal. Justo a la derecha encontraréis un cartel con un plano esquemático del Parque Arqueológico del Puig de sa Morisca, donde está indicado este conjunto arqueológico. Seguid por el camino principal y dejad el edificio del museo a la izquierda.
Después de caminar unos 100 metros, llegaréis a un primer cruce. Debéis tomar el camino que tenéis justo delante, el que sube hacia el Puig de sa Morisca. También lo encontraréis señalizado. A partir de aquí, el camino empieza a ascender suavemente entre la vegetación.
Unos 100 metros más adelante llegaréis al collado del Puig de sa Morisca. En este momento debéis seguir el camino que sale hacia la derecha, señalizado como Torres y miradores, y avanzar 50 metros.
En este momento veréis la peña a vuestra derecha. Continuaréis por el camino, que girará a la izquierda, y avanzaréis hacia el cerro fortificado que os quedará delante.
Empezaréis a subir suavemente y, poco después, la subida se hará más empinada, con un tramo de escalones. Fijaos en los lados del camino: esta vertiente, la más accesible del cerro, fue cerrada en la prehistoria con tramos de muralla para proteger la zona alta.
Al terminar la subida, una flecha os hará girar hacia la derecha y avanzaréis ya por la parte alta del cerro. Después de un par de giros llegaréis al mirador de la Torre I.
Desde aquí solo tenéis que girar hacia la izquierda y subir el último tramo, hacia la cruz de sa Morisca. El mirador se encuentra en la cima, en el lado oeste. Podréis llegar tanto yendo hacia la izquierda como siguiendo recto y rodeando la Torre III por la derecha.
Este mirador es una plataforma elevada que permite ver también el interior de la Torre III.
Recordad que no está permitido subir sobre los muros de la torre ni acceder a su interior. Estas estructuras son frágiles y forman parte de nuestro patrimonio arqueológico. Respetarlas es imprescindible para garantizar su conservación y para que las futuras generaciones también puedan conocerlas.
La Torre III ocupa el punto más alto y uno de los más estratégicos del Puig de sa Morisca. Desde aquí la visión es prácticamente de 360 grados y permite observar casi toda la península de Santa Ponça. Es un lugar privilegiado para entender la forma del territorio, la relación entre la costa y el interior, y también las grandes transformaciones que ha vivido este paisaje a lo largo del tiempo.
Desde la cima, la mirada se abre en todas direcciones. A vuestros pies se extiende la plana de Santa Ponça, enmarcada por cerros, pequeñas elevaciones y zonas bajas que antiguamente configuraban un paisaje muy diferente del actual. Esta visión general permite entender muy bien cómo el Puig de sa Morisca dominaba visualmente su entorno y controlaba los principales accesos terrestres y marítimos de la zona.
Uno de los puntos más destacados de la panorámica es el antiguo puerto natural de Santa Ponça, ocupado hoy por el puerto deportivo. Visto desde aquí, es fácil reconocer que no se trata de una simple abertura de la costa, sino del lecho de un antiguo torrente que se adentra mucho hacia el interior y queda bien protegido del mar abierto. Esta configuración lo convertía en un refugio excelente para las embarcaciones.
De hecho, este puerto natural es uno de los mejores de esta parte de Mallorca. Su situación, en la parte de la isla más cercana a Eivissa y más abierta hacia las rutas marítimas que conectaban con el continente, ayuda a entender su importancia estratégica. Desde este punto elevado se percibe claramente cómo la combinación entre una buena rada natural, una costa accesible y un cerro fácil de defender hacía de este lugar un sitio especialmente valioso.
La vista desde la Torre III también permite entender muy bien cómo el desarrollo turístico ha transformado el paisaje de Santa Ponça. Desde este punto no solo observamos un espacio urbanizado: podemos leer en él diferentes momentos de la historia turística de Mallorca, superpuestos como capas sobre un mismo territorio.
Cerca de la costa y de la bahía se pueden reconocer las transformaciones vinculadas al primer boom turístico (1955-1973). En este momento el crecimiento se concentró principalmente en la primera línea de mar, con hoteles, el paseo marítimo y las primeras calles donde había bares y comercios asociados a la actividad turística. El litoral se convirtió en el centro del nuevo modelo económico y urbanístico. Allí donde había playa, pinar y espacios agrarios, apareció una nueva fachada urbana orientada al sol y playa.
Más allá del frente litoral, también se puede observar la expansión residencial y turística hacia zonas más amplias de la plana y de las laderas suaves. Esta extensión del núcleo urbano se asocia sobre todo al segundo boom turístico (1974-1987), cuando el modelo de los grandes hoteles verticales empezó a convivir con apartamentos, hoteles-apartamentos, complejos turísticos, viviendas adosadas y urbanizaciones residenciales. El crecimiento ya no se producía solo en altura y junto al mar, sino que empezaba a ocupar más superficie y a extenderse hacia el interior inmediato.
Durante el tercer boom turístico (1993-2008) el crecimiento ya no se basa tanto en construir nuevos grandes hoteles, sino en la combinación entre turismo, mercado inmobiliario y residencia. El paisaje empieza a ser valorado también como espacio para vivir, invertir o pasar largas temporadas. Esto explica la expansión de segundas residencias, chalets, urbanizaciones de baja densidad, viviendas unifamiliares, parcelas con piscina y nuevas áreas residenciales situadas más allá del núcleo turístico inicial. El turismo deja de concentrarse solo en la playa y empieza a ocupar también la plana, las laderas, las zonas con buenas vistas y los espacios más accesibles.
En el caso de Santa Ponça y su entorno, esta fase se puede leer muy bien mirando hacia las urbanizaciones que se extienden detrás del frente litoral. Ya no se trata solo de hoteles para estancias cortas, sino de un territorio pensado también para el turismo residencial: viviendas para personas que viven allí una parte del año, propiedades adquiridas como inversión, chalets vinculados a una idea de calidad de vida mediterránea y espacios urbanos de baja densidad que consumen mucho más territorio por habitante o por plaza turística.
También es en este contexto en el que hay que entender la importancia de los campos de golf, los puertos deportivos y las urbanizaciones asociadas. Estos elementos no son solo equipamientos de ocio, sino piezas que ayudan a revalorizar el territorio. El paisaje, las vistas, la proximidad al mar, la tranquilidad o la posibilidad de practicar determinadas actividades se convierten en argumentos inmobiliarios. El turismo ya no vende solo una habitación de hotel frente a la playa: vende paisaje, exclusividad, residencia, movilidad y calidad ambiental.
Diversos autores han propuesto hablar de un cuarto boom turístico, que comenzaría en 2012. Este cuarto boom es más difícil de ver a simple vista, porque no siempre genera grandes edificios nuevos. Su huella es más sutil: consiste sobre todo en la incorporación de viviendas ya existentes al mercado turístico a través del alquiler vacacional y de las plataformas digitales. Casas, pisos y chalets que antes formaban parte del parque residencial pasan a funcionar, temporal o permanentemente, como alojamientos turísticos. Esto intensifica el uso turístico de espacios que ya estaban urbanizados y extiende la presión turística hacia zonas residenciales, pueblos, urbanizaciones y suelo rústico.
Por eso, desde la Torre III, el cuarto boom no debe buscarse solo en nuevas construcciones, sino en la manera en que se utiliza el territorio construido. Se puede relacionar con la presencia creciente de piscinas, reformas de viviendas, chalets destinados al alquiler, aumento de vehículos, más movilidad hacia calas y miradores, y una presión turística que ya no se concentra únicamente en los hoteles de la costa.
l paisaje actual no solo muestra ocupación del suelo; también muestra una intensificación de los usos.
Los datos ayudan a entender el alcance de este proceso. En las Islas Baleares, el número de turistas ha pasado de unos 320.000 en 1959 a 18,74 millones en 2024. Las plazas turísticas legales han crecido de 14.609 en 1959 a 607.522 en 2023. En Mallorca, en 2024 había 413.643 plazas turísticas legales, de las cuales 103.915 correspondían a viviendas turísticas vacacionales, es decir, aproximadamente una cuarta parte del total. Estas cifras permiten entender por qué el turismo no ha transformado solo la economía, sino también la forma física, social y funcional del territorio.
Desde la Torre III, por tanto, el paisaje actual de Santa Ponça se puede leer como una acumulación de capas. Primero, el litoral turístico concentrado cerca del mar; después, la expansión de apartamentos, complejos y urbanizaciones hacia el interior; más tarde, la consolidación de un modelo turístico-residencial que ocupa la plana, las laderas y las zonas con buenas vistas; y, finalmente, un cuarto boom en el que el turismo penetra dentro del parque de viviendas y transforma el uso cotidiano del espacio urbanizado.
Esta lectura es especialmente interesante porque se puede comparar con el paisaje antiguo. El mismo territorio que en época prehistórica destacaba por el control visual, la proximidad al puerto natural, la relación con las rutas marítimas y la defensa del territorio, en época contemporánea ha sido profundamente transformado por el turismo, la construcción, la movilidad y el mercado inmobiliario. La Torre III es, por ello, un lugar privilegiado para entender cómo un mismo paisaje puede tener valores muy diferentes a lo largo del tiempo: primero como espacio estratégico y de control, y hoy como espacio urbanizado, residencial, turístico y económico.
Para profundizar en la evolución turística de Mallorca, la transformación del paisaje y los cambios territoriales que pueden observarse desde la Torre III, podéis consultar estos trabajos:
Blázquez, M.; Garau, J. M.; Murray, I. (2002). El tercer boom. Indicadors de sostenibilitat del turisme de les Illes Balears 1989-1999. Palma: Lleonard Muntaner.
Rullan, O. (1998). “De la cova de Canet al Tercer Boom turístic: una primera aproximació a la geografia històrica de Mallorca”. En: El medi ambient a les Illes Balears: qui és qui? Actes de les Jornades a Can Tàpera. Palma: «Sa Nostra», Obra Social i Cultural de la Caixa de Balears.
Rullan, O. (2004). La construcció territorial de Mallorca. Palma: Editorial Moll.
Blázquez-Salom, M.; Murray-Mas, I. (2010). “Una geohistoria de la turistización de las Islas Baleares”. El Periplo Sustentable, 18.
Blázquez, M.; Murray, I.; Artigues, A. A. (2023). “Hegemonía hotelera. El rol del Estado en la reactivación de la tasa de beneficio hotelera tras la crisis de 2008”. Investigaciones Turísticas, 25, 220-249. https://doi.org/10.14198/INTURI.22122
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Crr. Puig de sa Morisca, s/n, 07180 Santa Ponça, Islas Baleares
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