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Aunque se encuentra en una zona muy urbanizada el yacimiento está muy bien conservado. Además, está excavado, restaurado y se ha adecuado para la visita.
Desde la calle se puede observar el túmulo escalonado. Se trata de una estructura maciza que presenta una planta de tendencia ovalada con una longitud máxima de 22,3 m y una altura que supera los 2 metros. Está realizada con bloques de piedra arenisca (marès) dispuestos con una técnica de piedra en seco (es decir, sin cemento ni argamasa). El escalonamiento tiene tres niveles en forma de anillos concéntricos sobre los cuales se localiza una plataforma de planta cuadrada.
Siguiendo de frente, hacia un gran lentisco (pistacia lentiscus), llegaréis a la entrada del hipogeo, que os aparecerá a la derecha. Se trata de una cueva artificial excavada en la roca arenisca durante la Edad del Bronce Inicial (c. 1.800 a. C.). Actualmente solo se puede ver desde afuera ya que una reja moderna lo protege de acciones indeseadas.
El hipogeo tiene un corredor que da lugar a un pequeño acceso y que obliga a agacharse para poder entrar. La cueva tiene una planta alargada con una bóveda excavada de tipo ojival. Mide 7,15 metros de largo por 2,25 metros de ancho y 1,85 metros de alto. Además, se observa una pequeña cámara en la entrada, una fosa central y bancos corridos excavados en la roca arenisca a ambos lados en los que, probablemente, se depositaban los muertos, y un nicho en el fondo de la cámara.
El yacimiento presenta cuatro facetas distintas que nos permiten entender la importancia de este lugar a lo largo de la prehistoria.
Este sitio se utilizó de forma continuada durante más de 2.000 años. Las diferentes comunidades que vivieron en la zona comenzaron a utilizar este espacio cuando decidieron construir la cueva artificial hacia el 2.000 a. C. y ya no lo abandonaron hasta mucho tiempo después.
Durante este largo tiempo, su uso y significado fueron cambiando. Al mismo tiempo, su rica historia y el recuerdo de sus usos pasados enriquecieron el simbolismo y el valor social del lugar.
En el momento en el que se construyó el hipogeo se observa un interés por parte de las comunidades prehistóricas de esconder la muerte. Aunque el esfuerzo de construir la cueva artificial debió ser enorme se buscó no impactar en el paisaje. Esta manera de concebir la muerte es consistente con el bajo impacto que mostraron las comunidades humanas de ese momento también en sus casas.
Sin embargo, con la construcción del túmulo se buscó todo lo contrario. Se produjo en un momento en el que la huella humana en el paisaje comenzaba a ser evidente. En un momento en el que las comunidades empezaron a reivindicar sus territorios mediante la construcción de grandes edificios de piedras ciclópeas.
El sitio de Son Ferrer se utilizó como lugar de enterramiento durante dos fases muy separadas en el tiempo. Primero en el momento de construcción de la cueva artificial, del hipogeo durante la Edad del Bronce inicial (c. 1.800-1.500 a. C.). Y casi mil años después durante la denominada fase postalayótica. En esta fase, en un primer momento (500 – 200 a. C.) se re-utilizó la cueva como lugar de enterramiento colectivo para toda la comunidad y finalmente, cuando ya no quedaba sitio en la cueva (175 – 50 a. C.), se utilizó el corredor de acceso y los espacios cercanos para enterrar recién nacidos muertos durante el parto o poco tiempo después.
Las excavaciones y estudios arqueológicos han demostrado que en las sucesivas fases de uso las comunidades prehistóricas utilizaron el túmulo como lugar de reunión. En estas reuniones sociales se ha evidenciado el consumo ritual de bebida y comida. En muchas ocasiones estos banquetes se asociaron al uso funerario del espacio, pero en otras ocasiones debemos vincularlos al propio significado del monumento como lugar de memoria e identidad.
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